| Apure |
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Apure Mezcla de naturaleza y faena criollaEl paisaje se convierte en el principal atractivo de un estado que sirvió de inspiración a muchos, como a Gallegos, para entender el encuentro entre el hombre urbano y un entorno natural que a veces se hace esquivo y distante. En sus 76.500 kilómetros cuadrados de extensión lo predominante son las vías fluviales. Las planicies que caracterizan al Estado Apure, aptas para la agricultura y la ganadería, se dan la mano, y a veces se pelean, con las grandes cantidades de agua, que por ríos, caños y lagunas, hacen de esta entidad una mezcla maravillosa de paisaje y faena criolla típica del llano venezolano. Pero, a decir verdad, muchos de los pobladores de estas regiones ni siquiera las utilizan, pues hasta el ganado lo transportan en grandes curiaras, auténticos vehículos de pasajeros.Las vías de acceso hasta la capital del estado, San Fernando de Apure, aún son transitables. Y si se va desde Caracas Apure lo tiene todo -desde el punto de vista de la naturaleza- para el turismo. Aunque su infraestructura carece de bases para ofrecer a los foráneos una gama de oportunidades, existe la posibilidad, y en eso alguien ya está trabajando, de hacer de esa debilidad una fortaleza, para entregar como oferta un turismo de aventura y de contacto. El sol, que sale para todos, se torna espléndido en sus amaneceres y atardeceres en el llano. Y no es para menos, la amplitud de tierra y agua hace mucho más vistoso el espectáculo de colores que, como fondo de jornadas juguetonas entre ganado y aves, el astro rey regala para deleite de forasteros que no buscan una alcoba, sino una hamaca para disfrutar frente al estero de otro tipo de descanso.Las ciudades o grandes pueblos del Apure no son suntuosos ni cosmopolitas, son sencillas, tranquilas. Sus centros comerciales siguen reducidos a las calles reales, en las que se consigue lo necesario, y un buen restaurante se puede encontrar a la orilla del río. Tal es el caso de El Explorador, un catamarán anclado en el Aero Río y que en ocasiones sale a navegar por las aguas del Apure, para que mientras se come un coporo -que puede pescar usted mismo- la noche se haga presente y la corriente se sienta amiga a su paso. Algunos emprendedores le han dado espacio en sus jornadas al turismo. Así, los hatos El Cedral, Los Indios o El Frío ofrecen al visitante paseos, en los que se puede disfrutar de un encuentro real entre "la civilización y la barbarie", como pudo escribir algún crítico de literatura frente a la obra de Rómulo Gallegos, inspirada en estos parajes del llano venezolano. Los baquianos son quienes mejor conocen las rutas fluviales. Son pocas las opciones de operaciones turísticas. Para ir seguro, lo mejor es acudir a los hatos en la zona, o a la Corporación de Turismo del estado. Una vez en la embarcación, curiara o bongo, el agua parece apartarse un poco mientras se recorre con la mirada un mundo de fantasía real: el contraste de la belleza natural con construcciones venidas a menos; un espacio inundado repleto de ganado, o la tierna imagen del niño que conduce su canoa para entretener a su hermanito.Las sabanas llevan hasta hermosos lugares, donde el gentilicio del llanero se hace fiesta. Tanta, que uno puede quedarse zapateando hasta el amanecer, antes de emprender el camino hacia nuevos destinos
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-sólo para ilustrar distancias- el trayecto puede durar unas seis horas, por la carretera del llano, en la que se atraviesa parte de Miranda, Aragua, y una vasta extensión de Guárico. Eso, antes de encontrarse con la redoma emblemática, en la que el Negro Primero, Pedro Camejo, saluda a los visitantes.
















































